Hace un año, mientras buscaba respuestas sobre el Parkinson en internet, me encontré por casualidad con una cuenta de Instagram que me cambió algo por dentro. Fue la primera vez que sentí, de verdad, que, aunque tenga Parkinson… la vida no se acaba.
Ella es Marta. Lleva más de 10 años conviviendo con la enfermedad y, aun así, mostraba algo que yo creía imposible: energía, fuerza y ganas de vivir. A través del deporte, no solo se cuidaba, sino que inspiraba a muchas personas. Y sin darse cuenta, también me estaba ayudando a mí.
Hasta ese momento, mi mayor miedo era el futuro. Me aterraba pensar que con los años dejaría de moverme, que no podría hacer deporte, que perdería poco a poco la vida que conocía. Vivía con ese miedo en silencio.
Pero entendí que muchos de esos pensamientos nacían de la desinformación… y, sobre todo, de sentirme sola. De no tener a nadie que me enseñara que tener Parkinson no nos convierte en personas raras, ni nos quita el derecho a seguir viviendo plenamente.
También nacían de algo aún más profundo: de mi propia negación. De querer esconder la enfermedad, de no querer que se notara, de no dar la cara. Y con el tiempo entendí que ese fue mi mayor error.
Porque cuando dejas de esconderte… empiezas, de verdad, a vivir.
Recuerdo que pasaron varios días hasta que me atreví a dar el paso de ponerme en contacto con ella. No fue fácil. Dudé mucho. Pero algo dentro de mí me decía que tenía que hacerlo.
El día que por fin le escribí, fue simplemente para darle las gracias: por motivarme, por su valentía al mostrar su día a día en redes, por hacer visible algo que muchos intentamos esconder. Y para mi sorpresa, me respondió enseguida.
Empezamos a hablar… y por primera vez sentí algo que llevaba mucho tiempo necesitando: alguien que me entendía de verdad. Alguien que sabía exactamente por lo que estaba pasando. Me dio consejos, me orientó, me acompañó en ese momento en el que todo es incertidumbre y no sabes hacia dónde ir. Y eso, cuando estás al principio del camino, vale muchísimo.
Después de varias conversaciones, me propuso algo que me dejó paralizada: escribir mi historia, de forma anónima, en su blog. Mi respuesta fue inmediata: no.
El miedo seguía ahí. El miedo a mostrarme, a que los demás supieran, a dejar de esconderme.
Pero algo cambió.
Lo pensé. Lo sentí. Y decidí escribirla, aunque fuera en anónimo.
Cuando terminé, pasó algo que no esperaba: sentí una liberación enorme. Como si por fin hubiera soltado un peso que llevaba demasiado tiempo guardando.
Y entonces lo tuve claro.
Le escribí a Marta y le dije: “Esta es mi historia. Te envío también mi foto. Te doy permiso para publicarla con mi nombre.”
Ese fue el momento en el que dejé de esconderme.
A partir de ese momento, mi vida dio un giro de 180º.
Empecé a recibir muchísimos mensajes de apoyo. Personas que se sentían identificadas, que me daban las gracias, que me hacían ver que compartir mi historia había valido la pena. Y entonces entendí que aquello no era solo para mí… también podía ser para los demás.
En los días siguientes tomé otra decisión importante: crear una cuenta en Instagram donde pudiera mostrar mi día a día, mi rutina de ejercicio, mi forma de afrontar la enfermedad. Lo hice con una intención muy clara: que mi mensaje llegara a personas que, habían perdido la fuerza de voluntad en hacer deporte, sabiendo que para mi el deporte es fundamental en poder afrontar mi día a día.
No fue un paso fácil. Abrir una cuenta pública implicaba exponerme, enfrentarme a los riesgos que hoy en día tienen las redes sociales. Pero pudo más la esperanza. La ilusión de ayudar, de inspirar, de demostrar que no hay que rendirse nunca.
Así nació @dontgiveup_pk.
Elegí ese nombre porque representa exactamente cómo afronto la vida: los obstáculos van a aparecer, una y otra vez, pero siempre he decidido levantarme, seguir adelante y no rendirme jamás.
A lo largo de mi vida he tenido que hacerlo muchas veces. He subido montañas muy altas, he pasado por momentos duros… pero siempre he encontrado la fuerza para seguir luchando.
Y en gran parte, esa fuerza también viene de casa.
De mi marido, que ha estado a mi lado durante 33 años con un apoyo incondicional. Juntos hemos afrontado batallas muy difíciles, momentos que nos han puesto a prueba, pero que también nos han unido aún más.
Por eso hoy puedo decir que, dentro de todo, me siento profundamente afortunada. Afortunada por tener a mi lado una familia maravillosa, que ha sido y sigue siendo mi mayor motor para no rendirme nunca.
El 9 de abril recuerdo que publiqué mi primer post en Instagram, presentando mi proyecto: @dontgiveup_pk. Y desde ese mismo momento, algo empezó a cambiar.
No he dejado de recibir mensajes. Mensajes de apoyo, de agradecimiento, de personas que encuentran en lo que hago una pequeña chispa de esperanza. Personas con Parkinson… y también sin él.
Recuerdo con muchísima emoción aquellos primeros mensajes. Frases que se me quedaron grabadas para siempre:
“Me identifico muchísimo contigo.”
“He perdido las ganas de moverme.”
“He tirado la toalla, pero viéndote me estoy dando cuenta de que merece la pena volver a intentarlo.”
Leer eso… te toca el alma.
Y es precisamente eso lo que me empuja a seguir. A enseñar mi rutina, mi día a día a través del deporte, aunque muchas veces no sea fácil.
Porque la realidad es que el tiempo es muy limitado. Tengo una hija, sus actividades, los deberes, el día a día… y muchas veces apenas encuentro un momento para editar los vídeos. Hay días en los que el cansancio pesa, la enfermedad aprieta.
Pero entonces pienso en todas esas personas que están al otro lado. Esperando, quizá, esa pequeña dosis de motivación.
Y no puedo fallarles.
Porque ya no es solo por mí. Es como una pequeña “obligación” que nace del corazón: la de ayudar, la de acompañar, la de recordarle a alguien que no está solo… y que todavía merece la pena levantarse y seguir.
Durante este año me he sentido profundamente arropada. He conocido a personas maravillosas, cada una con su propia historia, sus síntomas, sus luchas. Sin darnos cuenta, hemos creado una comunidad preciosa de personas con Parkinson, repartidas por todo el mundo.
Una comunidad donde compartimos nuestras experiencias, nuestros miedos, pero también nuestras alegrías. Donde nos entendemos sin necesidad de explicar demasiado. Porque, aunque la enfermedad se manifieste de forma distinta en cada persona, hay algo que nos une: la necesidad de sentirnos comprendidos.
Muchas veces, incluso, encontramos respuestas entre nosotros a preguntas que en consulta no siempre llegan. A veces porque no hay tiempo, otras porque no se profundiza lo suficiente.
Y eso… duele.
Duele estar sentado frente a un médico, con el miedo en el cuerpo, con mil preguntas en la cabeza… y sentir que estás hablando solo. Que no te miran, que no te escuchan. Que simplemente escriben mientras tú intentas asimilar algo que te está cambiando la vida.
Es frustrante. Sobre todo, cuando esas consultas son cada 9 meses, cuando llegas con tantas dudas… y sales igual, o incluso con más.
Entiendo que están saturados. De verdad que lo entiendo. Pero cuando una persona recibe un diagnóstico así, cuando siente que su mundo se tambalea, a veces no hace falta mucho: una mirada, un poco de humanidad, unas palabras que orienten… pueden marcar una gran diferencia.
Nunca olvidaré mi primera consulta.
Las palabras: “Tu lo que tienes es Parkinson” se quedaron grabadas en mí para siempre. Recuerdo estar mirándole, mientras escribía sin levantar la vista. Sin explicaciones. Sin acompañamiento. Solo una receta y un volante para un DATSCAN.
Y ya está.
Salí de allí completamente perdida. Sin saber a dónde ir. Sin saber cómo llegar a casa y explicarle a mi marido que nuestra vida acababa de cambiar para siempre.
Por eso, hoy, sigo profundamente agradecida a Marta. Porque ella me tendió la mano cuando más lo necesitaba. Porque me guió, me acompañó y me enseñó algo que ahora intento transmitir cada día:
Que aunque tengamos Parkinson, la vida sigue.
Que hay que aprender a vivirla, a adaptarse… pero también a disfrutarla.
Y, sobre todo, a no rendirse jamás.
Por todo esto nació esta cuenta.
Para que nadie tenga que pasar por lo que yo pasé durante tres años. Fueron años muy duros, llenos de miedo, de dudas y de soledad.
Pero también aprendí algo: incluso de los momentos más difíciles… se puede salir más fuerte.
Recuerdo perfectamente mi última visita al neurólogo. Fue el 12 de junio de 2025… y, por primera vez, salí feliz de una consulta.
El médico no daba crédito. Después de explorarme, me preguntó qué había pasado. Habían pasado nueve meses desde la última visita, y la mejoría era evidente: más de un 50% de reducción en la rigidez.
Mi cuerpo había cambiado muchísimo.
Y eso le sorprendió, porque en el Parkinson lo habitual es que la rigidez avance con el tiempo, no que mejore de esa manera.
Pero yo sabía la respuesta.
Detrás de ese cambio había algo muy claro: motivación, compromiso y disciplina. Disciplina diaria con el deporte.
Todo ese esfuerzo empezó a reflejarse en mi cuerpo.
Antes ya hacía ejercicio, sí… pero desde que creé la cuenta, di un paso más. Empecé a enfocarme en entrenamientos específicos para Parkinson: ejercicios de equilibrio, de fuerza, de coordinación, estiramientos… combinados con cardio.
Descubrí una forma de entrenar más completa, más consciente, más adaptada a lo que mi cuerpo necesitaba.
Y poco a poco, los resultados llegaron.
Recuerdo ese día como uno de los más felices de mi vida. Porque no fue solo una mejora física… fue una confirmación.
La confirmación de que el deporte no solo ayuda… el deporte nos da vida.
En el mes de diciembre recibí un mensaje de Buddyfit que me hizo muchísima ilusión. Me daban las gracias por mi apoyo a la aplicación y, además, me ofrecían algo muy especial: la posibilidad de escribir mi historia en su blog.
Era una oportunidad para dar voz al Parkinson. Para hablar de la enfermedad desde dentro. Pero, sobre todo, para transmitir algo en lo que creo profundamente: la importancia del deporte bien guiado.
Porque el ejercicio no es solo una opción… es una necesidad en nuestro día a día. Sin él, el avance de la enfermedad puede ser mucho más rápido. Y eso es lo que queríamos transmitir con esa entrevista: que siempre hay una forma de moverse.
Tengas Parkinson o no.
No hay excusas.
Cada persona, en su situación, puede encontrar su manera: con la variedad de entrenamientos, adaptándose, empezando poco a poco… pero moviéndose. Porque lo importante, al final, es no quedarse quieto.
El 19 de marzo de 2026 se publicó la entrevista en su blog.
Y me sentí profundamente afortunada.
Afortunada por poder dar voz a nuestra enfermedad. Por poder enseñar que, aunque tengamos una enfermedad crónica, la vida sigue. Que no podemos cambiar el diagnóstico… pero sí podemos decidir cómo vivirlo.
Y yo lo tuve claro.
Elegí disfrutar de cada momento. De cada segundo. Dar prioridad a lo verdaderamente importante. Crear recuerdos, sumar momentos en familia.
Y hoy puedo decirlo con total certeza:
No puedo estar más feliz con esa decisión.
Ese mismo día, mientras se publicaba la entrevista, yo estaba viviendo algo muy especial: participando en un evento de escalada adaptada al Parkinson, organizado por Jordi Cruz, una gran persona que intenta enseñar los grandes beneficios de la escalada en la enfermedad de Parkinson. Jordi, es un referente para todos nosotros sin duda.
Allí pudimos experimentar los beneficios de la escalada, no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional. Fue una experiencia inolvidable. Un espacio donde conocí a personas maravillosas, donde compartimos historias, risas… y también momentos muy profundos.
Nunca olvidaré la mirada de una chica que vi nada más entrar.
En ella me vi reflejada.
Era como volver a mí misma cuatro años atrás.
Cuando empezamos a hablar, me contó —con la voz entrecortada— que llevaba un año con la enfermedad. Tiene 45 años. Y cuando mencionó a su hija pequeña… algo se removió dentro de mí.
Me vi en ese primer día tras mi diagnóstico.
El miedo al futuro.
Las preguntas sin respuesta.
Ese pensamiento que te golpea sin avisar: “¿Qué va a ser de mí? ¿Qué va a ser de mi hija?”
Pero al mismo tiempo, también vi algo más en ella.
Fuerza.
Una fuerza enorme.
Porque estaba allí. Porque había dado el paso. Porque, a pesar del miedo, había decidido luchar con todo lo que hiciera falta.
Y por primera vez, me encontré al otro lado.
Con alguien que estaba empezando el camino… y sentí algo muy especial: el privilegio de poder ayudar, de poder acompañar, de poder decirle, con mi propia experiencia, que no estaba sola.
Ese día también conocí a otras chicas de Madrid. Nos seguíamos por redes, pero por fin pudimos mirarnos a los ojos, poner cara a tantas historias compartidas. Y decidimos algo muy bonito: empezar a quedar, crear nuestros propios espacios, seguir compartiendo desde un lugar donde realmente nos entienden.
Si tengo que resumir este primer año con dontgiveup_pk, solo puedo decir que ha sido maravilloso.
Un año lleno de aprendizaje, de personas increíbles, de historias que inspiran. Un año en el que he pasado de esconderme… a dar la cara. De tener miedo… a ser capaz de motivar a otros. De guardar silencio… a dar voz a la enfermedad, incluso a través de plataformas como Buddyfit.
Un año en el que también he descubierto algo que no esperaba: la escritura.
A través de ella he encontrado una forma de desahogo, un espacio donde soltar, ordenar y entender todo lo que llevo dentro. Escribir se ha convertido en una terapia, en un refugio.
Porque cuando escribo… libero.
Libero miedos, dudas, emociones. Me permito sentir sin filtros, sin miedo, sin esconderme.
Por eso hoy lo tengo claro: escribir es liberación.
Y es algo que recomendaría a todo el mundo. Porque a veces, poner en palabras lo que sentimos… es el primer paso para empezar a sanar.
Y si todo esto ha sido posible, en gran parte, es gracias a Marta.
Porque ella fue el principio de todo.
Y siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón.
¡Gracias Marta por todo!
Conocer a Cristina ha sido, para mí, la confirmación de que lo que hago tiene todo el sentido del mundo.
No hay mayor satisfacción que poder ayudar a otras personas, y aún más cuando se trata de un caso tan concreto con el que me identifico profundamente. Es increíble el proceso de cambio que ha vivido Cristina en tan solo un año y cómo ha conseguido transformar una situación inicialmente frustrante y negativa en una poderosa motivación para seguir adelante y, además, ayudar a otros a hacer lo mismo.
Me siento orgullosa de formar parte de esta “cadena” de ayuda mutua, donde personas que han pasado por momentos difíciles encuentran la fuerza para salir adelante y, después, tienden la mano a quienes están empezando ese mismo camino. Ver cómo alguien logra salir del “agujero”, aunque sea primero desde la actitud, ya es en sí un logro enorme.
Para mí, haber sido mentora de Cristina y escuchar su agradecimiento no es otra cosa que una inyección constante de motivación. Pero lo más emocionante es comprobar cómo ella ahora actúa del mismo modo en que yo lo hice con ella, acompañando a personas que están atravesando la situación que ella misma vivió. Esa es, sin duda, la mejor prueba de que esto funciona.
Y Cristina ha ido todavía más lejos. ¿Quién le habría dicho hace un año que acabaría colaborando con una plataforma de entrenamiento para dar visibilidad a la enfermedad?
Además, aunque vivimos lejos, hemos encontrado la manera de vernos en varias ocasiones. Y tengo que decir que, en gran parte, ha sido gracias a ella: llegó a cruzar la ciudad de punta a punta para venir a verme cuando yo no tenía esa posibilidad. También quiso estar presente en la presentación de mi libro, un gesto que dice mucho de la persona que es. Desde el primer momento, nos hemos sentido como amigas y nos hemos comportado con una naturalidad increíble, como si nos conociéramos de toda la vida.
Solo puedo decir que estoy profundamente orgullosa de todo lo que has conseguido y de haber sido la persona que te dio ese primer “empujón”. Aunque el mérito es completamente tuyo: has sabido encontrar tu fuerza y tu entereza, transformándolas en una fuente de motivación no solo para ti, sino también para muchos otros.
Ojalá esta cadena de apoyo y ayuda mutua siga creciendo, permitiendo que más personas puedan afrontar esta enfermedad con una nueva visión y actitud. Porque lo que al principio es un auténtico jarro de agua fría, capaz de descolocar por completo tu vida, también puede convertirse en el inicio de un camino de superación, acompañamiento, propósito y de amistad.
Añadir comentario
Comentarios
No puedo estar más feliz: un año después, vuelvo a escribir mi historia en este blog, donde decidí dar la cara y crear mi cuenta @dontgiveup_pk Muchas gracias por tu apoyo Marta!☺️