Cuando Quieres y no Puedes, Cuando Puedes y no Quieres

Publicado el 23 de agosto de 2026, 20:30

Hay una frase que, desde que convivo con el Párkinson, ha adquirido para mí un significado mucho más profundo: "qué diferente es querer y no poder, que poder y no querer."

Cuando estás sano, muchas veces das por hecho que mañana podrás hacer aquello que hoy no te apetece, que si no sales a caminar, ya saldrás otro día, que si no entrenas, no pasa nada, que si estás cansado, puedes posponerlo, que habrá otro momento para viajar, para bailar, para correr, para salir con amigos y para seguir haciendo planes.

Porque cuando tienes salud, tienes algo que parece inagotable: "la posibilidad" y quizá por eso no siempre la valoramos hasta que un día quieres hacer algo y tu cuerpo te dice que no. No porque no tengas ganas, no porque seas perezoso, no porque hayas cambiado de opinión, simplemente, no puedes y esa diferencia puede ser dolorosa.

Querer levantarte y que tu cuerpo no responda como esperabas, querer caminar y sentir que cada paso requiere un esfuerzo enorme, querer entrenar y tener que adaptar aquello que antes hacías sin pensar, querer salir, viajar, bailar, cocinar, escribir o simplemente levantarte del sofá… y descubrir que ese día tu cuerpo ha decidido poner límites que tú no habías elegido.

Entonces entiendes que la salud no es solamente no tener una enfermedad. La salud es poder.

Poder decidir, poder moverte, poder hacer planes, poder cambiar de idea, poder decir “hoy no quiero” sabiendo que mañana, si quieres, probablemente podrás y eso es un privilegio enorme.

Pero el Párkinson también me ha enseñado la otra cara de esta historia: cuando puedes y no quieres. Hay días buenos, días en los que el cuerpo responde, en los que tienes energía, en los que puedes caminar más, entrenar, salir, reír, hacer cosas que durante otros días parecen mucho más difíciles y sin embargo, a veces no nos apetece. Estamos cansados, nos da pereza y preferimos quedarnos en casa pensando que ya habrá otro día. Y sí, probablemente lo habrá.

Pero también he aprendido a preguntarme: ¿y si este es precisamente uno de esos días que debería aprovechar? No se trata de vivir obsesionados con aprovechar cada minuto ni de obligarnos a hacer cosas cuando necesitamos descansar, tampoco de sentir culpa por no hacer aquello que nuestro cuerpo necesita que dejemos para otro momento, se trata de algo mucho más sencillo: valorar cuando podemos.

Porque cuando sabes lo que significa querer y no poder, aprendes a mirar de otra manera esos momentos en los que sí puedes.

Una caminata que antes parecía insignificante puede convertirse en un regalo, subir unas escaleras, moverte sin pensar en cada movimiento, entrenar, coger una taza, abrir una puerta, darte una ducha, salir de casa, hacer algo que te gusta...

Incluso un día aparentemente normal puede adquirir un valor extraordinario cuando sabes que no todos los días son iguales. No podemos controlar todos nuestros días, pero sí podemos aprender a reconocer y agradecer los días que nos regala el cuerpo y quizá esa sea una de las grandes paradojas de la vida: cuando puedes, muchas veces no quieres y cuando quieres, muchas veces ya no puedes.

Por eso, cuando puedas, hazlo.

Si te apetece bailar, baila; si quieres caminar, camina; si quieres abrazar, abraza; si quieres viajar, viaja; si quieres entrenar, entrena; si quieres reírte, ríete. No porque mañana vaya necesariamente a ser peor, sino porque hoy puedes y poder es muchísimo más valioso de lo que solemos entender cuando tenemos salud. Quizá no se trata de esperar a perder algo para descubrir cuánto valía, o aprender a mirar lo que tenemos mientras todavía podemos disfrutarlo. Porque hay cosas que cuando no puedes hacerlas, deseas con todas tus fuerzas y hay cosas que cuando puedes hacerlas, ni siquiera te das cuenta de que son un regalo.

La salud es también eso: la libertad de poder elegir y cuando un día tu cuerpo te lo permita, aunque sea durante unas horas, no lo des por sentado.

Porque cuando quieres y no puedes, duele. Pero cuando puedes y no quieres, quizá estés dejando pasar uno de esos pequeños regalos que la vida te está poniendo delante

Haz aquello que quieres, muévete, sal, ríe y ¡vive!

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